Las principales diferencias de los productos artesanos

Todos nosotros, de una manera u otra, podemos diferenciar un producto artesano de otro industrial. Sea por su sabor, aroma o textura, hay un abismo entre ellos.

Después de la época de una gran globalización e industrialización en el sector agroalimentario, nos hemos dado cuenta que no queremos estar mal alimentados, casi cebados con grandes cantidades de baratos productos transgénicos, que las consecuencias de una mala alimentación son notables en nuestra salud ya a medio plazo. Y puesto que los milagros no existen, estamos volviendo a nuestros orígenes en este aspecto. Los agricultores conscientes buscan los modos de producir los alimentos de un modo tradicional pero aplicando las nuevas tecnologías. Encontrar el equilibrio es su tarea principal. Conservar la calidad y autenticidad del producto es la finalidad del negocio.

Muchos de nosotros nos hemos prometido muchas veces no volver a comprar en “los chinos”, las veces que hemos comprobado que el martillo barato se rompe antes de clavar un clavo que se dobla antes de entrar en la pared, que el rotulador no pinta y el celo no pega…, pero cegados por el precio barato volvemos una y otra vez. Sabemos que los milagros no existen, que es imposible fabricar un producto de calidad barato. La diferencia está en que un martillo roto se tira y lo único que se queda es la rabia por dejarnos engañar una vez más; sin embargo los alimentos baratos artificialmente llevados a la madurez con ayuda de productos químicos y/o transgénicos, no solo pierden el sabor, sino a la larga se acumulan estos residuos en nuestro organismo y perjudican la salud.

Es evidente que los alimentos elaborados de manera tradicional no son los más baratos. Imaginen a los cerdos ibéricos pastándose libremente entre los olivares y alimentándose de bellotas; luego las patas de jamón curándose en la sombra durante mucho tiempo, a veces hasta 3 años. Y por el contrario, los animales cebados con los deshechos modificados de procedencia no solo vegetal, sino también de origen animal; toneladas de carne amontonada y “envejecida” o, mejor dicho, disecada, artificialmente en los almacenes. La calidad, el sabor, y por ello el precio, de estas paletas se diferencian.

Lo mismo ocurre con la producción de aceite de oliva. Las pequeñas empresas familiares recogen manualmente las aceitunas en la temporada óptima para la recolección. La tecnología tradicional de obtención de aceite VIRGEN EXTRA requiere que las etapas de la elaboración (lavado, batido…) trascurran con bajas temperaturas, no superiores a 24 grados. Sin embargo, las temperaturas superiores permiten extraer mayores cantidades de aceite. Nosotros sentimos un gran aprecio y orgullo por los agricultores que con su apellido honran sus productos y viceversa, que apuestan por un aceite de calidad extraordinaria, aunque esto no permita sacar grandes beneficios. Este aceite se hace esperar, se vende casi íntegramente en la fase de pedido, la gente vendrá a buscarlo desde lejos.

A la hora de elegir el aceite, preste atención a lo siguiente:

1. Elija el aceite en el que conste la variedad de las aceitunas de la que está elaborado. No es solo criterio de calidad sino también el indicador del sabor.

2. en un buen aceite siempre encontrará la denominación del origen

Si le preocupa su salud, le gusta la comida sana y sabrosa, le interesan tradiciones, no deje de probar los auténticos productos artesanos. Así descubrirá un nuevo mundo de sentidos, penetrará en él para no querer volver nunca.